miércoles, 21 de julio de 2010

Enemiga Pena, de Marta Antonia Sampedro

Dónde se esconderá la pena,
que persigo para desaparecerla.

En qué instante mi alma altera,
ajetreo de recuerdos,
tan cuajada, pena.

Qué buscará de mí,
afecta a mi razón
en la memoria triste.
Tizón ardiente,
parcela común de arena
es su fin en las metas,
frondosas y muertas.

Parásito de mis tiempos,
de mí come y bebe
esta pena adulta crecida
cerrando mi boca,
abriendo un túnel
cuyo final esculpe aguijón
que la torna a levantar.

Dónde dormirá si duermo.
Qué soñará, altanera,
cuando sueño que se aleja,
y desde su escondite de espanto
me sonríe a medias.
Qué pensará cuando no pienso.

Pena que me abraza
y atrapar no puedo,
miserable sombra hechizada
ensortijada a mi cuerpo,
devorando yemas de sus reflejos.

Huérfana de tiempos,
enclavada en las aceras
mis pasos decreta,
indicándome sus atajos
que me vuelvan a su lengua.

Visitadora de siestas,
amaneceres y llagas
acecha sin tú verla,
versátil monstruo de riberas
que al portal se quiera o tema,
dueña de desiertos
a llanto cincelados,
sacerdotisa de penumbras.

Dónde tu puñal
marcará el fin de su fuerza,
y tejer, a hilvanes de acero,
la precisa medida de tu cadáver
velado ante ti, de batirse perplejo,
caído, deshecho armazón.

Dónde, Pena, te escondes,
que no sé nada de ti,
desde tu última carta,
con sellos de lágrimas
y remites anónimos.

¿Estás enferma?

Ni sístole ni diástole
te ampara ya de mí,
vendada pena,
labranza anegada.

(2006)

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