lunes, 20 de febrero de 2017

Lágrimas sobre los versos de Benedetti, de Marta Antonia Sampedro


Hay gente normal y corriente que sabe que llorará repentinamente

entre las almohadas de los malos amantes

en pañuelos de papel algodón con presagios e iniciales

en los suspiros atrapados en pinturas de ojos

lágrimas de color es un recuerdo que se piensa perdido

manchan de pintalabios ojos con pensamientos

en las mesitas de las noches que nada pintan

con el miedo a perder los abrazos

que los hacen persona habitable

las palabras de todas las sombras que se alejan

nunca del todo sino que asoman con el armamento de culpas

y han dejado el libro esperándolos cada cierto tiempo

y en las portadas del poeta emborronan malas suertes

futuros sentenciados cuánta razón los versos

Benedetti se lo repite en las rendiciones

Mi pesadilla es siempre el optimismo,

pero ellos no quieren abrir el libro para olvidar

todo el texto que los señala sin conocerlos

y vierten sus lágrimas de fantasía armoniosa

cruzando la luz de una lámpara el humo de un cigarrillo

mañana sin falta buscarán la inspiración de la desgracia

y seguramente la encontrarán sentada en un banco del parque

ojeando versos que les consuele para resucitar de día

y seguir diciendo que Benedetti no tuvo suerte.


(C) Marta Antonia Sampedro Frutos (2017)


domingo, 8 de enero de 2017

Yo y mis cosas, de Marta Antonia Sampedro


Yo y mis cosas me advirtió.

Y sus cosas qué importaban
si era cuanto yo quería.
Su risa su tristeza su pelo su religión
su ateísmo su calvicie su salud sus ideas
su enfermedad su indiferencia...

Ay, qué suerte ese etcétera
que con él apareciera:
la simbiosis el parasitismo
los paseos los encierros contando estrellas
o cuanto quisiera de esta mujer a su espera.

Pero sus cosas eran su automóvil
sus trapos con etiqueta sus casas y cartera
 sus hipotecas de vida
y hasta su perra con pedrigrí era él
para su pre-entrega.

Cuando entró a mi casa
comparó qué era él qué yo era.
Se sentó en el sillón
-precisamente el que estaba roto,
era el único que había-
y el asa de la taza se despegó
al calor de un hirviente café.

Yo me reía con él
   y él lloraba conmigo.

Para él también yo era yo y mis cosas
incluida mi gata de yeso
con los ojos de canicas verde y azul
y me dijo adiós por las buenas
ni siquiera un hasta luego nos vemos.

Qué podía hacer yo
si no tengo más que letras
que necesitan de papel
anticipado por colegas y poetas
-pero son muy buenos
ni me lo apuntan, al menos-.

Cuando devuelva mi préstamo
de dinas cuatro y bolígrafos
le enviaré este poema.
Por si acaso ahora sólo se tiene a él
 y mi gata lo aprueba
-lo arañó saliendo por la puerta-.


© Marta Antonia Sampedro Frutos