lunes, 16 de julio de 2018

La curandera y sus hijas de los sueños, de Marta Antonia Sampedro


Una luz es ojo que suplanta
la pálida existencia
una embriaguez insólita
de conocer remedio en los daños
las luces palpitan entre marañas
pero ella custodia sus vacilaciones
en la certeza de que son esperas
o cuando los muertos imaginan a los vivos
en las coincidencias de los muros
desenlazan las vueltas de sus destinos
la luz permite verse las caras no perdidas
y las paredes inquietas de los órganos
ella espera terminar las sesiones curativas
hoy han vuelto a venir los infectados
al descubierto persisten cuerpos y quejidos
y ella en los destellos que duelen
esparce su mirada en agua de hierbas
luego tan demacrados traspasan los vidrios
se marchan a las arterias rebotan en los lenguajes
regresando amanecidos con las nubes de alba
y renacen los de piel de culebrilla aliviados
respiran los ahogados y sonríen los taciturnos
el ojo de luz ordena la estructura de vida
sus niñas están con ella en cada consuelo
pero nadie le pregunta por qué lo sabe
no hay palabra para la ofrenda de las promesas
ni existe pócima que la someta
pero en la noche todos comentan de la curandera
hiere más la pena escondida que la desbocada
es un matarife acomodado al trajín de las respuestas
y a la entrega del misterio separadas
toda luz es perfume de espina
donde ella y sus hijas de los sueños
a veces duermen vivas.

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2018)


miércoles, 9 de mayo de 2018

Poema de lluvia 1974, de Marta Antonia Sampedro



Todas las tardes sabemos a qué hora lloverá
hoy será a las dieciocho cuarenta y cinco horas
habrá un revuelo de pájaros del pino a las lilas
y por el oeste los nubarrones de avanzadilla
si no fuese por el estruendo
se podría confundir a los inexpertos en sueños
si la causa es los rayos de sol o el relámpago
quien haga de la luz de las flores ceniza
lloverá a esa hora precisamente
que la enamorada pasea por la calle
pensando un poema de nueve de mayo
de mil novecientos setenta y cuatro
nada le predijo a ella
de los futuros desdichados
irá despacio mirándose los zapatos
 a las dieciocho cuarenta y cinco
lo ha dicho el satélite caminarás
y la lluvia despertará su ayer
que hace mucho es del mar
y los hombres que no leen
más que los autógrafos en balones
quedan ahogados en vasos que llenan
las arenas de los desiertos sin estrellas
ella guarda con amor el poema
en una hoja de academia
1974 nueve de mayo
cuarenta y cinco minutos dieciocho horas
salió de la fábrica pensando
en las letras y los besos
y en los ratones envenenados
entre los hilos estampados
los tiempos no engañan a las poetas
la lluvia reconoce el olor en hoja de libreta
puede tomar de la mano su inocencia
y llevarla de nuevo a casa cuando quiera
los días que juntos pasamos dice en los trazos
mayo día nueve la llovizna empaña el cristal
alterando el paisaje de los cipreses
ha dejado de ir a llorar a la puerta
donde a sus habitantes ya nadie espera
y sin embargo la lluvia les regresa al cuerpo
cuerpo de lluvia nueve de mayo.

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2018)