domingo, 2 de abril de 2017

Nebulosas de las sílabas, de Marta Antonia Sampedro


Esta noche primera de abril
voy a perseguir tu herida
y reclamarla a gritos de voz en poeta

decirle aquí estoy da la cara y ven
o dime dónde estás que voy

esta noche donde la luna se esconde
en las nubes preazules del verano
que nos quedan por dormir
tu herida que me hiere nos hiere

en sus quirófanos de campaña
está en su escondite preferido
que es dolor callado y secreto
es silencio dolor acomodado
despeja de sueños las vidas
que se niegan al guión libre

ella quiere ser sola en ti
se viste en ti y se desnuda
reconfortada en tu piel
-tu piel que me envuelve-
come de tus huesos
-tu cuerpo mi lecho-
se empalaga de tus lágrimas
que no lloras aunque llores

esa herida se reconforta y vive
 
vive tu vida que no vives
tu risa que no ríes 
y bebe de los sueños
donde no te permite saciarte
ni de hiel ni de muerte

quiero llamar su atención
decirle quién soy donde vivo
-que es en ti-
y aparezca 
-se me aparezca-
soy la mataheridas 
la asesina de heridas
la sicaria experta la valiente maltrecha
la que murió por dentro y comía
la que respiraba siendo muerta
soy la de metro y medio

ven te espero enorme herida
te lo ordena abril y todas las semillas

trocearla seccionarla hacerla mixtos
y que te asomes a la noche en tu ventana
de carpintería materia herida

y observes las estrellas que no son muchas
por el cambio climático por las excesivas luces
de los pueblos de las ciudades cadavéricas

y una leve sonrisa aparezca en tu cara
en tu hermoso plano de modestias
mirando huir de espanto la herida 
devorada por las nebulosas de las sílabas

y el abecedario lo uses de costumbre
incluso te use él a ti
y digas lo siento
cuánto lo siento mi amor mi vida
que me siento al fin vivir. 


(C) Marta Antonia Sampedro Frutos (2017)

martes, 21 de marzo de 2017

Los ocupantes de versos, de Marta Antonia Sampedro


Cuando los versos toman vida
mejor dicho mucha vida
les da por conjurarse
a cada cual con sus arrestos
y se pasean las palabras nuevas
desde los árboles hasta las piedras
los alientos recitan todos los nombres
que hacen al humano resistente
pero zarandea las sílabas que rescatan
de las tristezas costumbristas
y bajo los techos de los enamorados
hay alborotos y bullicio
y el mundo -que se torna asequible-
 no cambia de color ni el cielo
pero los ojos que miran se revelan
acomodándose entre los versos
habitando los espacios silenciosos
y desobedecen todas las previsiones y órdenes
en una sola muestra de sus panorámicas
por lo tanto nos da por besar una espalda
-que es nuestro horizonte-
nos besan los labios
-que reconstruyen nuestra frente-
los ocupantes de versos
designan con sus ojos nuevos
las palabras en su preferente orden
y amor es amor y vida es lo siguiente
-anacrónicos se entiende-
y de pronto un día sin las prosas
que las nubes revolotean lánguidas
los ojos del otro y de la otra
sucumben a la mirada de los versos
en la facultad de encontrarse
entre sus existencias.

(C) MartaAntonia Sampedro Frutos (2017)