domingo, 10 de marzo de 2013

Nada más que esta lluvia, de Marta Antonia Sampedro


Caerán todas las nubes
en este cielo de marzo
tornando en marrones flores amarillas
y hace asomar bajo las tejas
a los inquilinos gorriones
-grandes gotas que no caen
color gris de poema-.
Del presente se están formando
mis dolores que se irán
y les vendrán a otros
cuando los míos ya no estén
porque también el dolor muere
un momento antes de renacer.
Al igual que cuando joven
sola debo doblar las mantas
desatascar los patios
y podar los árboles.
No bastarán los llantos
no calmará la ira mi esfuerzo
aumenta con los días
el despiadado afán del abandono.
Firmo con lágrimas
mis facturas de estar viva
y rubricará la muerte
el solo testimonio
porque no hay coraza que resista
haber parido y ser estéril.
Dirán que me conocen
y dirán que llevan mi sangre.
Nadie más que estos gorriones
que bajo las tejas observan la lluvia
me identifican por cuanto soy
y les bastan migas de pan
y comprender los días.
Se partirá en dos mi estrella
para silenciar el ruido
que debe justificar los pecados
pero nada más que esta lluvia
quedará en el recuerdo
porque sólo quien muere en vida
puede describir su melodía.
No bastarán las astillas
de los oscuros días
que sólo la noche entera
pretende quien odia la lluvia
y sus prosas de tierras.
En cualquier parte de una nube
habitará en palabras el dolor
de quien no cede al maltrato
y los segundos continuarán
en la muerte o en la vida
odiando que hablen las nubes.
Sin embargo el día de hoy
es un futuro transmitido
imperceptible en el presente.
Las nubes se ausentan
sólo cuando mueren
pero en las formas de otras
siempre permanecen.

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