viernes, 23 de enero de 2026

Casa de amapolas, de Marta Antonia Sampedro

 

A una gitana he comprado

lienzos de amapolas rojas.

 

-Llévatelos, paya.

Te veo triste la mirada.

Que para tus ojos necesitas

vistas de amapolas-.

 

(Poeta, entiendo que rojas sean las amapolas

y las gitanas sepan leer las miradas).

 

El pobre mobiliario arrinconado ha sido:

sillas ebrias, mesa hundida,

rotos sillones y prestados enseres

sin inventario.

 

He extendido en el suelo

de este espacio triste

una sierra en primavera.

 

¡Qué hermoso campo ha nacido

en las baldosas!

 

Las diminutas hormigas,

inquilinas favorecidas,

que acompañan noche y día

esta soledad desmigajada

en olvidos,

corrían apresuradas

buscando sentidos

con sus antenas sin hilos.

 

La farola de la calle ha hecho

de luna nueva,

dando a la Plaza de Colón

tierra a la vista.

 

Amapolas rojas eran

sombras dormitando

en el tranquilo nido.

 

Y sobre ellas he estirado

mi cuerpo dolorido

de letras de aguja

y recursos nulos,

esperanzada a soñar

sueños distintos.

 

Si nunca has dormido

sobre lienzos de amapolas,

ve a la gitana,

que al ver tu mirada sabrá

si claveles, margaritas o jazmines

(a mí me vio amapolas

en los vacíos).

 

No he soñado con nada.

Era mi sueño elegido.

 

Qué acierto ha sido

dormir sobre cama

pintada de campo.

Apartar una noche

los musgos podridos

de voraces orugas.

 

Cuando he despertado,

tú me llamabas

y un ramo de mentiras

traías en la mirada. 

Ramas de encinas,

besos llenos de nada.

 

He colocado los lienzos

de amapolas en las ventanas. 

Para que todos sepan

que en mi casa 

hay un campo de esperanza

a fantasía pintada.


© Marta Antonia Sampedro Frutos. De la obra "Arma de pluma" (2006).

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