A una gitana he comprado
lienzos
de amapolas rojas.
-Llévatelos,
paya.
Te
veo triste la mirada.
Que para tus ojos necesitas
vistas
de amapolas-.
(Poeta, entiendo que rojas sean las amapolas
y las gitanas sepan leer las miradas).
El pobre mobiliario arrinconado ha sido:
sillas
ebrias, mesa hundida,
rotos sillones y prestados enseres
sin
inventario.
He
extendido en el suelo
de
este espacio triste
una
sierra en primavera.
¡Qué hermoso campo ha nacido
en
las baldosas!
Las
diminutas hormigas,
inquilinas
favorecidas,
que
acompañan noche y día
esta
soledad desmigajada
en
olvidos,
corrían
apresuradas
buscando
sentidos
con sus antenas sin hilos.
La farola de la calle ha hecho
de
luna nueva,
dando a la Plaza de Colón
tierra
a la vista.
Amapolas
rojas eran
sombras
dormitando
en el tranquilo nido.
Y
sobre ellas he estirado
mi
cuerpo dolorido
de
letras de aguja
y
recursos nulos,
esperanzada
a soñar
sueños distintos.
Si
nunca has dormido
sobre
lienzos de amapolas,
ve
a la gitana,
que
al ver tu mirada sabrá
si claveles, margaritas o jazmines
(a
mí me vio amapolas
en
los vacíos).
No
he soñado con nada.
Era
mi sueño elegido.
Qué
acierto ha sido
dormir
sobre cama
pintada
de campo.
Apartar
una noche
los
musgos podridos
de
voraces orugas.
Cuando
he despertado,
tú
me llamabas
y
un ramo de mentiras
traías en la mirada.
Ramas
de encinas,
besos
llenos de nada.
He
colocado los lienzos
de amapolas en las ventanas.
Para
que todos sepan
que
en mi casa
hay un campo de esperanza
a
fantasía pintada.
© Marta Antonia Sampedro Frutos. De la obra "Arma de pluma" (2006).
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