sábado, 10 de agosto de 2013

Te envío palabras... de Marta Antonia Sampedro


Hay poemas que tienen
su propia historia
y al ser escritos observan
los trazos del poeta.

Este frío de verano
lejos de tus besos
y espinas en los labios;
estas albas que observo
junto a pájaros despiertos
anunciando la proximidad mía
desde un tren a tu encuentro.

Qué helado estío,
mi amor de los puertos y trigos,
estos días sin tu cuerpo.

Este frío verano
donde amanecen los ecos,
las músicas solas
en los truenos del campanario,
bostezos del jardín regado,
alfileres del abeto a la espera
de un primero de año.

Sonando el tiempo sus pasos,
puñados de momentos y te veo.

Caminan las nubes
y esas lunas charlatanas
adormecen tejados
(se bañan en el Ter;
iluminan piedras industriales,
patos deformes
y residuos humanos).

Te envío palabras
que llevo de la mano
desde que te amé
(es decir, tan temprano...).

Sílabas independientes
por quienes respondo
a causa de esta fe azarosa
al coraje del vocabulario...

Este frío del verano
derramando en Singapur
las huellas
de tus brazos cicatrizados,
este rocío de mi sed a tu fuente
y los pétalos abiertos
de nuestros años.

En estos vientos callados
tus besos desparramados
vuelan hasta los Pirineos
más cercanos.

Frente al poderoso Montseny
mi vida es
en este adentro mío
quien yo me siento ser.

Y aceitunera tuya soy.

Con Jaén en mis venas
los rebusco y hallo,
recurriendo al tiempo,
el mismo que espanto
lejos de tus pies sanados.

Porque a contraviento de mujer
con mi ser te amo...

Reunidos a mi vera son,
cada uno colocado
por mi desorden alfabético:

B, de beso encontrado,
A, de amor que te debo,
D, y ese deseo que te siento
Con corazón despierto,
y en la Zeta jugando
se desparraman
como chiquillas corriendo.

Y vuelves a las albas
con tu voz ceceante,
tan lejana que temo
no me busques
por los cerros
de tu cuerpo.

Y quedar mi alma plasmada
en el jardín escarchado,
un café a solas con la tinta,
mil cigarrillos rubios
de tu pelo,
y esta brisa de montaña
sin filtro de manos y uñas.

Ser hoja sobre el Ter
en búsqueda de tu piel,
césped arrasado a medida
de estos largos inviernos.

Un lamento de reflejos
del pasado,
sin expresión palabra
perdida en diccionarios.

Rescátame del tiempo frío.
Llévame contigo
adonde tus noches
sean conmigo.

Dime que tu pensamiento
es calor recogido
en mis orillas tranquilas,
donde a lo lejos
se escuchan cantos
de la tierra
que erizan el vello
de las encinas.

Lloverá sol robado,
nevarán besos
de los labios
amnistiados.

Y Singapur quedará
en la Ese de sola,
en un libro
que nadie escribiera nunca.

Te envío palabras
que llevo de la mano...

Roda de Ter, Agosto 2003


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