En
la noche siempre
la
estrella aparece en su letargo
sobre
la luna o bajo el charco
de
los callados barrios
y
en la cola del caballo atado
donde
el aire duerme en sigilo,
el
otoño cruje en las nubes
soportando
el tenso futuro
los
caminos se apresuran
se
esconden en las huertas
las
minas abandonadas
el
sudor del bárbaro olvido
de
los hombres que agonizan
en
los recuerdos de las sangres
y
las toses ácidas del desespero,
nada
se oculta a la estrella
de
la noche como siempre,
pasan
los perros abandonados
que
todos conocen solos y sin nombre,
las
hormigas lentas sacan dientes
a
la tierra malherida de avaricias,
y
todo como siempre
es
la estrella de las noches,
quien
dirige al obrero a su guarida
al
rico a su codicia y cuentas
a
los santos a las cuevas
y a
los demonios a la pesca,
seguramente
la vida deberá ser
aquello
que nos recuerde
en
lo más alto en lo más hondo
de
lo que somos al ver la estrella mudos
sin
pasados y los dedos sin días,
el
presente nos late rápido
en
los pechos dolidos y las mentes perplejas,
los
sentimientos quedan como siempre solos
al
lugar donde por derecho pertenecen,
nadie
nos ama tanto como el propio corazón
golpeando
a la razón hacia la estrella,
la
noche como siempre es nuestra
sorteando
caminos de obras
y a
lo lejos queda sin lugar
la
perversión humana de los tiempos
donde
el malo se cree bueno
y
la bondad se valora en céntimos,
ojalá
en las noches se escuche
el
suspiro de la estrella como siempre
el
sueño nos abrume de posibilidades
y
la realidad que nos confunde
nos
transforme en valientes.
©
Marta Antonia Sampedro Frutos (2010).
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