Los
besos no son vacíos
cualquier
día sin ser llamado
nace el
repertorio de besos
y así
por motivos que a saber
se van
besando en las veredas
las
nubes cargadas de rostros
o el
cielo ligero de esperas
el vuelo
de ilusiones barrancos y nieblas
los
besos espontáneos y sus afanes
desorganizados
a la orilla te acercan
a los
destinos las parsimonias
besas
el agua y las burbujas planetarias
la
huella de un zapato el hilo del alambre
la
percha antigua en la basura y un sombrero
o el
anillo más preciado que alguien perdiera
la
alacena del sentimiento se expande
convertida
en amapola hecha Tierra
con
sus satélites de acuarela editados
y así nerviosamente
se besan
las
yemas de hojas en blanco
los
elefantes de la buena suerte
vapores
de guisos y las especias
se
besan las cartas bocarriba
las
arrugas de una criatura
las
sonrisas de la vejez
recreando
besos se multiplican
en el
contagio imparable del amor
cruza
un gorrión una torcaz y los besamos
en el
puente de las ráfagas del alma
besos
a las estrellas tan liberadas
las
manos que se parecen a otras
que despierto
ya no sujetas
se
besan las vías de los párpados
el sol
clavado en un olivo y viceversa
las frentes
de los muertos
las
cenizas de los anhelos idos
se van
dejando besos
en las
manchas de los labios
bajo
el paraguas estropeado
el
sonido de la lluvia inesperada
en los
cristalinos charcos
no
puedes negar el desatino
van libres
de vida en sueño
acompañan
en la calma y los lamentos
imparables
desaliñados y sueltos
los
besos no son vacíos
para
quien sabe amar.
©
Marta Antonia Sampedro Frutos (2026).