sábado, 25 de abril de 2026

Pulsera de estrellas, de Marta Antonia Sampedro

 

Vosotros le recordáis

que está muerta.

 

Era el mes de julio,

y una extraña nube

sobre tejado hundido

se abrió en aguaceros.

 

Ella ardiendo de vida,

y de vida quería su tiempo

sintiendo los sentidos.

 

Obrera de vosotros,

esclava reina de panal podrido

y miel amarga, queríais su muerte

para complaceros.

 

Os amamantaba

hasta sangrar los versos,

su alma agotada de recuerdos.

De sus pechos fluían besos

por un cuerpo que la amaba.

 

Era el mes de julio,

y la nube dirigió

cuanto de vida coloreaba,

partiendo hacia más nubes

sus latentes pisadas.

 

Una de las nubes

tierra fértil anunciaba:

la nube del Futuro,

fecundada de alegrías.

Simiente dulce y tierna

la nube de la Ilusión,

y la del Agua le abrió

pizarras húmedas

y canales por las venas.

 

Nieblas de humo,

tejedoras de sudario

otras nubes vinieron,

en cielos huecos del mundo.

 

Porque vosotros le recordáis

que está muerta.

 

Era el mes de julio,

el mismo en que naciera.

Antes de vosotros,

su vida partió de espigas

y jornaleros cuyos labios sujetaban

colillas apagadas de tabaco molido.

 

El mes de julio que segara sueños

a su padre dolorido en las eras,

con mujeres y hombres

que valían menos que bestias.

 

Vosotros le recordáis

que está muerta.

Al anochecer,

en su puerta publicáis

la esquela a tinta negra:

“No existe ella”.

 

Y en la madrugada,

nubes que de niña registrara

por su ventana se cuelan,

rescatándola de la pena

en balanceos de ayer

que al mañana despiertan,

ordenándole vivir, vivir siempre,

nunca muerta.

Las nubes de las Letras.

 

Saberse mujer que espera

y sueña.

Madre,

amante,

poeta,

obrera...,

o cuanto quiera ser

que no cumpliera.

 

Era el mes de julio.

Y al caer la tapadera

del ataúd que la lleva

echando la llave a la tierra,

vosotros dijísteis:

“Ahora sí estás muerta”.

 

Mas una pulsera de estrellas

venidas de la sierra,

giraba en su alma

de niña poeta.

Bailarina del agua.

Cometa de la pobreza.

 

Y no hubo más palabras,

sino que era el mes de julio

y no quiso morir,

por no hacer desprecio

a tan delicado regalo,

de su Nube Niñera.

 

Era el mes cualquiera,

cuando un jornalero

segando en la era, le dijo:

“Cuida tu letra, niña de nubes,

que tu padre la lea”.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2006).

jueves, 16 de abril de 2026

Paisajes de sosiego, de Marta Antonia Sampedro

 

A veces cae en la cuenta

no importa el día que haga

las nubes son compañeras

sean del color y formas que sean

veloces son nubes o quietas

ahora en estos paisajes de sosiego

ballenas rosáceas las observa

o mares terribles de odiseas

a veces cae en la cuenta

no ir apresurada por las aceras

ruido de vehículos pies que vuelan

saludos a caras que le suenan

nombres un teléfono la vida espesa

a veces cae en la cuenta

que llueve muy bien

si hay nieblas estupendo

o que el sol sea una lanza

el verano regresa limpio

los astros tan de cerca

y los inviernos duermen

en las aguas de la sierra

los tiempos no son una agenda

a veces cae en la cuenta

que puede soñar sin prisas

pensar en finales bonitos

aunque nunca ocurrieran

los personajes inventados

y su derecho a ser felices

la libertad de los puntos y las comas

ayudan a despejar desdichas

a veces cae en la cuenta

que su casa es la naturaleza

y puede ir cuando quiera

los árboles las piedras

los cielos y las aves

y nunca son iguales si te fijas

no te juzgan ni te olvidan o se quejan

siempre amables el silencio los colores

y en el tiempo inmóvil las nubes viajeras

a veces cae en la cuenta

que la vida ha regresado

a veces cae en la cuenta.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2026).

domingo, 5 de abril de 2026

Cinco de abril, de Marta Antonia Sampedro

 

Una cigüeña no mira tu figura

ella vuela bajo es cierto

detallando los eclipses de las amapolas

los caminos donde las hormigas

recolectan cadáveres de insectos

la cigüeña es cielo hecho carne

reloj matemático de los silencios

tiene ojos de horizonte

y alas que brotan de gasas

pozos de las sílabas

pero no es tu bruma oscura

el fonema de su vista

ella vuela bajo es cierto

obedece al amanecer

y conoce los otros lados

que no puedes concebir

cruza los charcos de las lágrimas

y le rozan las plumas

los tajos de los sollozos

y los labios de la tierra

donde juega a ser invertebrada

y procrea en los sueños

melancolías y enterezas

láminas de los rastros del aire

donde ella sabe regresar

y en el sol desprendido del día

no mira tu aspecto

que no siente.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2015).

De la obra “Estancia de hojas”.