jueves, 1 de octubre de 2026

Los besos no son vacíos, de Marta Antonia Sampedro

 

Los besos no son vacíos

cualquier día sin ser llamado

nace el repertorio de besos

y así por motivos que a saber

se van besando en las veredas

las nubes cargadas de rostros

o el cielo ligero de esperas

el vuelo de ilusiones barrancos y nieblas

los besos espontáneos y sus afanes

desorganizados a la orilla te acercan

a los destinos las parsimonias

besas el agua y las burbujas planetarias

la huella de un zapato el hilo del alambre

la percha antigua en la basura y un sombrero

o el anillo más preciado que alguien perdiera

la alacena del sentimiento se expande

convertida en amapola hecha Tierra

con sus satélites de acuarela editados

y así nerviosamente se besan

las yemas de hojas en blanco

los elefantes de la buena suerte

vapores de guisos y las especias

se besan las cartas bocarriba

las arrugas de una criatura

las sonrisas de la vejez

recreando besos se multiplican

en el contagio imparable del amor

cruza un gorrión una torcaz y los besamos

en el puente de las ráfagas del alma

besos a las estrellas tan liberadas

las manos que se parecen a otras

que despierto ya no sujetas

se besan las vías de los párpados

el sol clavado en un olivo y viceversa

las frentes de los muertos

las cenizas de los anhelos idos

se van dejando besos

en las manchas de los labios

bajo el paraguas estropeado

el sonido de la lluvia inesperada

en los cristalinos charcos

no puedes negar el desatino

van libres de vida en sueño

acompañan en la calma y los lamentos

imparables desaliñados y sueltos

los besos no son vacíos

para quien sabe amar.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2026).


martes, 15 de septiembre de 2026

El hombre sentado a la izquierda, de Marta Antonia Sampedro

 

Hija mía no te preocupes,

todo saldrá bien,

aunque te quieran dejar sin nada,

te roben hasta la sombra recuerda

cuando naciste yo no llevaba

más equipaje que piojos en los trigos,

la más humillante de las pobrezas,

y mil hijos que tuviera

siempre comerían y reirían,

no te preocupes y piensa, piensa,

jamás mi abrazo olvides,

me llevas en tus venas,

siempre adelante

no importan tus maletas,

en los andenes se deja

aquello que no necesita nadie

que escriba poemas,

anda y sube al tren,

te esperan en otra estación,

vete tranquila

yo velo tu fuerza,

no llores más,

no estás sola

yo vivo en tus adentros de poeta,

sube al tren

desnuda de recuerdos y pena,

descalza,

ve, te esperan...

 Lloraba yo en tus brazos...

 

Y los versos de mañana

tomaron más sentido

mientras el tren partía

a otra estación...,

donde yo desnuda lloraba

por dejar el equipaje

del alma de mi padre

sentado en un banco

del andén,

a la izquierda.


© Marta Antonia Sampedro Frutos (2006).

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Estrellas sin documento, de Marta Antonia Sampedro

 

Me entrego a tu ser

convertida en vuelo,

mis brazos nuevos

a tu disposición de amor.

 

Tu aliento los mueve,

planean sobre tu piel

al compás de tus deseos.

 

El horizonte de ti quiero,

mares donde navego

tu vello,

esas hojas de tus dedos

las copas de mi reflejo,

la meseta de tu pecho

mi cima del despego.

 

Me entrego a tu ser

quebrando mis lazos

de cualquier tiempo,

los días nacidos o muertos,

a la vida de tu seno

permanezco

por razón de ser

por serlo.

 

Mujer amada,

mi hombre

es mi lecho.

 

Los ríos son lentos,

bebidos a sorbos

en instantes ligeros.

 

Parado el mundo

por momentos.

 

Adentrándonos

en las razones

de nuestros cuerpos.

 

Qué opción la nuestra

sino recuperar la piel,

latidos y verbos

maltrechos.

 

Me entrego a tu ser

como gaviota en puerto;

la mar de ayer a lo lejos,

y olas son los vientos

remando en los sueños.

 

Estos destellos sin destino,

la luna asomando miedos,

y te observo pausadamente,

sin tú saberlo.

 

Al fondo sombras de encinas,

luz tenue en los campos,

surge en nuestro tiempo

el sentido verdadero

de lo correcto.


Presiento caminar los segundos,

revivo tus peores recuerdos,

y en versos

que jamás nadie te escribiera

los reconstruyo

para desaparecerlos.

 

A letra de suspiros

de estrella

en tus labios los escribo

a los míos presos.

 

Me entrego a tu ser

sabiéndote sueños en vuelo;

amarnos en aguas y desiertos

nuestro presente más cierto.

 

Aceptando este léxico,

poseer la práctica del deseo,

sin más documento de estrellas

que cuanto en huellas propias

en nosotros aseguremos.

 


© Marta Antonia Sampedro Frutos.