domingo, 6 de marzo de 2011

El tiempo sólo fue tiempo, de Marta Antonia Sampedro

Cuando todo se despeja...
y entra marzo otra vez
y de nuevo resucitan las eras
por los caminos apartados
y no se oye ya la agonía incesante
de las hojas,
Cuando han desaparecido del horizonte
psicópatas variados mentiras y teatros
y entra de nuevo el poema
en cada letra que pensé al amarte
y de nuevo el mundo tiene sentido
y no se oyen ya los miedos
a que no estuvieras
siempre,
Cuando todo es nosotros
cuando aquello sigue siendo
y entra de nuevo tu voz
y también de nuevo tus ojos
que nunca se fueron
y no se oyen ya los lamentos
ni en los sueños muertos,
Cuando todo vuelve
y tus manos tras ocho años
y una eternidad en segundos
viven adonde fueron manos
y de nuevo eres quien soy
y yo soy lo que eres
y no se oyen ni las ramas de los ecos
del respirar de muertos,
Cuando el trigo va naciendo
y tu pelo se parece tanto
en los agostos rojos
y pasas mi puerta
y paso a tus brazos de nuevo
me envuelve ese silencio,
Cuando todo cuanto somos
se resume en que me amas y te amo
que el tiempo sólo fue tiempo
nada importa todo es vano,
Porque entra un marzo
cuando todo vuelve
y al fin vivamos.

domingo, 20 de febrero de 2011

En las nieblas de febrero, de Marta Antonia Sampedro

Amanece en nieblas febrero
con sus nubes de caídos abalorios
reposando en los árboles dormidos
sus lenguas blancas de aliento de cielo,
permanecen los silencios del tiempo
como si jamás antes de hoy vivieron,
y nadie canta mientras no dirija Helios
y febrero indique promesas o juramentos,
los patios esperan tímidos
junto a las bocas de los fríos pozos,
se vencen las hogueras de la noche
en las cenizas de los olivos y los cuartos,
y el fuego vuelve a la nube
y la nube lo arrebata lejos,
mientras guardan su canto
palomas silvestres y gorriones urbanos
de lilas y de acacias
febrero arrulla témpanos
ajeno a presentimientos vanos,
porque en las paredes blancas
no hay sombra que no muera
en las nieblas de febrero,
y como cal ennegrecida
en los ojos del ensueño
se marchita el mal recuerdo
agonizando dolor y duelos
que de cierto no existieron.


(C) Marta Antonia Sampedro Frutos.

miércoles, 26 de enero de 2011

Con el tesón de los sueños, de Marta Antonia Sampedro

El agua de enero aplaca la tierra
de incansable vaho y aliento obrero,
bajo el cielo del invierno crujen las estacas
que de nuevas se alteran joviales
a pesar de un fruto escaso,
y murmuran leyendas que aprendimos
con el tesón de los sueños
las olivas antiguas y raíces viejas,
y esas nubes, que son las de siempre
y por ello amadas nubes compañeras,
que protegen en sus abrazos etéreos
a los huérfanos apacibles del pan negro,
y en el pasar de dos cigüeñas
entre el aire de carbón que moldea el viento
pensamos la primavera se acerca,
la primavera ya escribió que viene
y sin embargo la cosecha aún queda
y una acequia de razones que te debo
-ahora recuerdo-
desde que te amé, es decir tan temprano,
derribado el asfalto que el ser humano
cree invencible igual que sí mismo
aunque muerda remordimientos y látigos
de lindes, bardas y de aterido ganado
y de ellos haga bandera de maleza y tizne
se desparrama por estas piedras cuanto somos,
en un segundo estamos perdidos o hallados
hablando solos Madre Natura ¿qué no tengo?,
escribe el agua por los campos de Jaén
y de los troncos de saliva traduce el fuego
en las mañanas de niebla y en las hogueras
donde los eclipses de sol se inventan,
qué es esta tierra sino montes y campos
y lenguaje esencial sentido del pueblo
donde soy –somos- obreros
y versos cruzados infinitos
en el menester de ser poeta jornalera,
a lo lejos un galgo malherido
persigue la sombra que no muere antes
que sus ojos de pánico
a la bondad de fiera del hombre
que premedita su malevolencia,
y así como la vida es dolor y desidia
también es libertad y permiso a escapar
cuando las aceitunas verdean
y los amos o los santos no tienen ya fuerza,
con su silencio de enero
los andaluces forman el futuro del pasado
aunque no teman sus poetas,
porque entre los barros y las manos
aspiran palabras más claras que da la tierra.