Cigüeña en cielo
gris
germinan las
conjugaciones
de plumas y de
semillas
vienen las nubes
tras ella
y cada ala es
una voz
con acento de
audaces cometas
dónde quedará si
enmudece
quieta en el
presente
y el batir de los
silbidos
la cigüeña está agotada
de las nubes que vigilan
algo más baja
que lo lejos
nunca cae quien
se esfuerza
para salvar su
memoria
que se pierde
en el cansancio
repitiendo el
nombre de algún dios
porque dios sea nube que cruce efímera
la tierra que
las hormigas escarban
la hoja que la
oruga mordisquea
el aire que se
queja de las alas
y el agua que se
beba
queda la
incógnita
que se forma en
el gran cielo
es halcón o
cigüeña
es amor o una
espera
o el ladrido de
algún perro
que te huele el
miedo
la vida está
bajo las uñas y las sombras
o en las grietas
de las piedras
se abre paso y
cae en cielo gris
quien su
libertad no valora y la entrega
y va buscando
tiempo
para que alivie
las ráfagas agobiadas
que lo encadenan
al rato eterno
dónde quedará la
amplitud
de los que son
cobardes
en los cebos de
sus tristezas
en los sueños
personales
observan el
mundo en cadenas
que agrandan y
mantienen serios
envidian a los
insectos
y las vidas de
otros seres tiernos
porque tienen sus
cielos al resguardo
de codicias y de
afanes
y jamás permiten
lenguajes vomitivos
en un cielo gris
y abundante
que atraviesa
una cigüeña
y donde dios sea
cualquiera.
© Marta Antonia Sampedro
Frutos.
De la obra “Estancia
de hojas” (2013).