domingo, 18 de octubre de 2026

Cigüeña en cielo gris, de Marta Antonia Sampedro

 

Cigüeña en cielo gris

germinan las conjugaciones

de plumas y de semillas

vienen las nubes tras ella

y cada ala es una voz

con acento de audaces cometas

dónde quedará si enmudece

quieta en el presente

y el batir de los silbidos

la cigüeña está agotada

de las nubes que vigilan

algo más baja que lo lejos

nunca cae quien se esfuerza

para salvar su memoria

que se pierde en el cansancio

repitiendo el nombre de algún dios

porque dios sea nube que cruce efímera

la tierra que las hormigas escarban

la hoja que la oruga mordisquea

el aire que se queja de las alas

y el agua que se beba

queda la incógnita

que se forma en el gran cielo

es halcón o cigüeña

es amor o una espera

o el ladrido de algún perro

que te huele el miedo

la vida está bajo las uñas y las sombras

o en las grietas de las piedras

se abre paso y cae en cielo gris

quien su libertad no valora y la entrega

y va buscando tiempo

para que alivie las ráfagas agobiadas

que lo encadenan al rato eterno

dónde quedará la amplitud

de los que son cobardes

en los cebos de sus tristezas

en los sueños personales

observan el mundo en cadenas

que agrandan y mantienen serios

envidian a los insectos

y las vidas de otros seres tiernos

porque tienen sus cielos al resguardo

de codicias y de afanes

y jamás permiten lenguajes vomitivos

en un cielo gris y abundante

que atraviesa una cigüeña

y donde dios sea cualquiera.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos.

De la obra “Estancia de hojas” (2013).

jueves, 1 de octubre de 2026

Los besos no son vacíos, de Marta Antonia Sampedro

 

Los besos no son vacíos

cualquier día sin ser llamado

nace el repertorio de besos

y así por motivos que a saber

se van besando en las veredas

las nubes cargadas de rostros

o el cielo ligero de esperas

el vuelo de ilusiones barrancos y nieblas

los besos espontáneos y sus afanes

desorganizados a la orilla te acercan

a los destinos las parsimonias

besas el agua y las burbujas planetarias

la huella de un zapato el hilo del alambre

la percha antigua en la basura y un sombrero

o el anillo más preciado que alguien perdiera

la alacena del sentimiento se expande

convertida en amapola hecha Tierra

con sus satélites de acuarela editados

y así nerviosamente se besan

las yemas de hojas en blanco

los elefantes de la buena suerte

vapores de guisos y las especias

se besan las cartas bocarriba

las arrugas de una criatura

las sonrisas de la vejez

recreando besos se multiplican

en el contagio imparable del amor

cruza un gorrión una torcaz y los besamos

en el puente de las ráfagas del alma

besos a las estrellas tan liberadas

las manos que se parecen a otras

que despierto ya no sujetas

se besan las vías de los párpados

el sol clavado en un olivo y viceversa

las frentes de los muertos

las cenizas de los anhelos idos

se van dejando besos

en las manchas de los labios

bajo el paraguas estropeado

el sonido de la lluvia inesperada

en los cristalinos charcos

no puedes negar el desatino

van libres de vida en sueño

acompañan en la calma y los lamentos

imparables desaliñados y sueltos

los besos no son vacíos

para quien sabe amar.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos (2026).


martes, 15 de septiembre de 2026

El hombre sentado a la izquierda, de Marta Antonia Sampedro

 

Hija mía no te preocupes,

todo saldrá bien,

aunque te quieran dejar sin nada,

te roben hasta la sombra recuerda

cuando naciste yo no llevaba

más equipaje que piojos en los trigos,

la más humillante de las pobrezas,

y mil hijos que tuviera

siempre comerían y reirían,

no te preocupes y piensa, piensa,

jamás mi abrazo olvides,

me llevas en tus venas,

siempre adelante

no importan tus maletas,

en los andenes se deja

aquello que no necesita nadie

que escriba poemas,

anda y sube al tren,

te esperan en otra estación,

vete tranquila

yo velo tu fuerza,

no llores más,

no estás sola

yo vivo en tus adentros de poeta,

sube al tren

desnuda de recuerdos y pena,

descalza,

ve, te esperan...

 Lloraba yo en tus brazos...

 

Y los versos de mañana

tomaron más sentido

mientras el tren partía

a otra estación...,

donde yo desnuda lloraba

por dejar el equipaje

del alma de mi padre

sentado en un banco

del andén,

a la izquierda.


© Marta Antonia Sampedro Frutos (2006).