Me
entrego a tu ser
convertida
en vuelo,
mis
brazos nuevos
a
tu disposición de amor.
Tu
aliento los mueve,
planean
sobre tu piel
al
compás de tus deseos.
El
horizonte de ti quiero,
mares
donde navego
tu
vello,
esas
hojas de tus dedos
las
copas de mi reflejo,
la
meseta de tu pecho
mi
cima del despego.
Me
entrego a tu ser
quebrando
mis lazos
de
cualquier tiempo,
los
días nacidos o muertos,
a
la vida de tu seno
permanezco
por
razón de ser
por
serlo.
Mujer
amada,
mi
hombre
es
mi lecho.
Los
ríos son lentos,
bebidos
a sorbos
en
instantes ligeros.
Parado
el mundo
por
momentos.
Adentrándonos
en
las razones
de
nuestros cuerpos.
Qué
opción la nuestra
sino
recuperar la piel,
latidos
y verbos
maltrechos.
Me
entrego a tu ser
como
gaviota en puerto;
la
mar de ayer a lo lejos,
y
olas son los vientos
remando
en los sueños.
Estos
destellos sin destino,
la
luna asomando miedos,
y
te observo pausadamente,
sin
tú saberlo.
Al
fondo sombras de encinas,
luz
tenue en los campos,
surge
en nuestro tiempo
el
sentido verdadero
de
lo correcto.
Presiento
caminar los segundos,
revivo
tus peores recuerdos,
y
en versos
que
jamás nadie te escribiera
los
reconstruyo
para
desaparecerlos.
A
letra de suspiros
de
estrella
en
tus labios los escribo
a
los míos presos.
Me
entrego a tu ser
sabiéndote
sueños en vuelo;
amarnos
en aguas y desiertos
nuestro
presente más cierto.
Aceptando
este léxico,
poseer
la práctica del deseo,
sin
más documento de estrellas
que
cuanto en huellas propias
en nosotros aseguremos.
©
Marta Antonia Sampedro Frutos.
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