martes, 15 de septiembre de 2026

El hombre sentado a la izquierda, de Marta Antonia Sampedro

 

Hija mía no te preocupes,

todo saldrá bien,

aunque te quieran dejar sin nada,

te roben hasta la sombra recuerda

cuando naciste yo no llevaba

más equipaje que piojos en los trigos,

la más humillante de las pobrezas,

y mil hijos que tuviera

siempre comerían y reirían,

no te preocupes y piensa, piensa,

jamás mi abrazo olvides,

me llevas en tus venas,

siempre adelante

no importan tus maletas,

en los andenes se deja

aquello que no necesita nadie

que escriba poemas,

anda y sube al tren,

te esperan en otra estación,

vete tranquila

yo velo tu fuerza,

no llores más,

no estás sola

yo vivo en tus adentros de poeta,

sube al tren

desnuda de recuerdos y pena,

descalza,

ve, te esperan...

 Lloraba yo en tus brazos...

 

Y los versos de mañana

tomaron más sentido

mientras el tren partía

a otra estación...,

donde yo desnuda lloraba

por dejar el equipaje

del alma de mi padre

sentado en un banco

del andén,

a la izquierda.


© Marta Antonia Sampedro Frutos (2006).

 

domingo, 6 de septiembre de 2026

Estrellas sin documento, de Marta Antonia Sampedro

 

Me entrego a tu ser

convertida en vuelo,

mis brazos nuevos

a tu disposición de amor.

 

Tu aliento los mueve,

planean sobre tu piel

al compás de tus deseos.

 

El horizonte de ti quiero,

mares donde navego

tu vello,

esas hojas de tus dedos

las copas de mi reflejo,

la meseta de tu pecho

mi cima del despego.

 

Me entrego a tu ser

quebrando mis lazos

de cualquier tiempo,

los días nacidos o muertos,

a la vida de tu seno

permanezco

por razón de ser

por serlo.

 

Mujer amada,

mi hombre

es mi lecho.

 

Los ríos son lentos,

bebidos a sorbos

en instantes ligeros.

 

Parado el mundo

por momentos.

 

Adentrándonos

en las razones

de nuestros cuerpos.

 

Qué opción la nuestra

sino recuperar la piel,

latidos y verbos

maltrechos.

 

Me entrego a tu ser

como gaviota en puerto;

la mar de ayer a lo lejos,

y olas son los vientos

remando en los sueños.

 

Estos destellos sin destino,

la luna asomando miedos,

y te observo pausadamente,

sin tú saberlo.

 

Al fondo sombras de encinas,

luz tenue en los campos,

surge en nuestro tiempo

el sentido verdadero

de lo correcto.


Presiento caminar los segundos,

revivo tus peores recuerdos,

y en versos

que jamás nadie te escribiera

los reconstruyo

para desaparecerlos.

 

A letra de suspiros

de estrella

en tus labios los escribo

a los míos presos.

 

Me entrego a tu ser

sabiéndote sueños en vuelo;

amarnos en aguas y desiertos

nuestro presente más cierto.

 

Aceptando este léxico,

poseer la práctica del deseo,

sin más documento de estrellas

que cuanto en huellas propias

en nosotros aseguremos.

 


© Marta Antonia Sampedro Frutos.