sábado, 14 de marzo de 2015

Los sueños que fueron nubes, de Marta Antonia Sampedro


 A mi abuela Antonia


Tuve de niña una muñeca
llamada Abuela
esa muñeca no andaba
pues ya había andado
toda una vida
ni la muñeca quería
ser ya nada
porque de nada valieron
sus sueños
nunca supo escribir
nunca aprendió a leer
esa muñeca era mía
me llamaba por la noche
y a todas horas
decía mi nombre
porque mis manos
eran las suyas
y mis pies sus pies
hasta mi nombre el suyo
tuve de niña una muñeca
llamada Abuela
nunca pude adivinar
de dónde salieron
sus narraciones nocturnas
-del trabajo-
sus recuerdos
-del amor-
todos los días los repetía
-los sueños que fueron nubes-
y las figuras de las palabras
pues parece que siempre cambian
en el analfabetismo
y se mudan cuando quieren
mi abuela era mi muñeca
y tal vez yo fui la suya
el caso es que ambas
nos dimos un mundo
más figurado
y nunca fuimos algo
pues siempre éramos todo.



Marta Antonia Sampedro Frutos
 Julio de 2014




sábado, 20 de diciembre de 2014

Vestida en constelaciones, de Marta Antonia Sampedro

A mi madre.

Vestida en constelaciones

de la noche eterna del silencio

a tus pies las corolas duermen

que nada temo ya sin ti

espacios reducidos o grandes

ahora acunada por tu aroma

de tus manos sosegadas madre

y el destello de tu mirada

que necesito para vivir

blanquea de nubes tus ojos

el sigilo de los olivos

que te formaron de vocablos

y jubilosos te perciben

en el amor del reposo

las encinas y los tomillos

contigo se marchita mi origen

donde los cerros de Jaén

en las alboradas de diciembre

de dolor crujen y de vahos

de las materias de las sagas de tierra

hay en el cielo lindes de muchas esperas

porque no hay destellos que mueran

en los besos de tu fortaleza

y la lividez del póstumo día

te lleva consigo en encajes de estrella

hacia las ramas cristalinas del sueño

te reciben madre los que de ti fueron.


(C) Marta Antonia Sampedro Frutos (2014). 


jueves, 20 de noviembre de 2014

Mujer atravesando un arco iris de niebla, de Marta Antonia Sampedro


Cuando no hay trigo
y el agua es de tormenta
en los espejos de los charcos
la corriente lleva las ideas
parémonos un momento
ante el perfil de las terrazas
donde la lluvia dejó ante ella
un arco iris de niebla
la ciudad es redonda en luz
pero agrisada y severa
ve pasar un hombre con paraguas
y no es él
y otro hombre descalzo
y no es él
y tampoco ese del sombrero
por qué lo verá en todas partes
es decir por qué cree que es él
ella quisiera disfrutar
de la luz sin color del arco iris
que tiene frente a ella
tal vez sea una trampa
que nadie sea él a quien ve
las neblinas se mueven
en remolinos delicados
qué querrán decir
si hablasen las nieblas
¿ecos sin lenguajes? ¿armas intangibles?
¿destinos engañosos? ¿someter al viento?
debe de nuevo leerse las manos
y ver su nombre en las hileras
un ave parece que duerme
dentro de la densidad de la niebla
ella aprendió a no fiarse de las apariencias
pero el ave es un pajarillo de la mañana
un pajarillo es valiente para el arco iris
¿por qué ella no lo es, si tiene digamos
mil veces más cuerpo?
respira adecuadamente
se siente un halcón en los aros
porque las gotas de las ventanas
a veces son los suspiros de volar
también los arco iris se pueden atravesar
tocando los cristales que los enmarcan
y ella se atreve a pensar que toca la niebla
y que sus dedos se forman de nuevo
porque ella un día y otros días
sabe que los arco iris atrapan los miedos
mientras una mujer quiere
-y consigue- caminar.