domingo, 17 de abril de 2011

Epitafios de las esperas, de Marta Antonia Sampedro

Todos los cementerios tienen poetas
que amaban a su modo la vida
como quien observa el resucitar
de la lluvia que cayó en la arcilla seca
y ya es pozo bajo los pies
y a pesar de todo eran
primeras personas de las tristezas,
compinches de la mala suerte
que al nacer arrullaran letras,

Machado sin patios de Sevilla
Vallejo señalando terribles heraldos
Alfonsina en la salobre mar
Miguel Hernández con los rayos que no cesan
Celaya ingeniero del verso
Alberti marinero que siembra
o Lorca con quién sueña,

son tiempos primitivos que recibe el poeta
cuando no baja la cabeza ni para llorar
sino que la investiga en conciencia
y camina su propia vida percibiendo
que escribe para ir cavando
las lesiones más internas,

vagamos por el mundo
como botella perdida en el planeta
cubiertos en desesperanza
con mensajes que se queman dentro
pero sonreímos aunque no quieran
ni sangres ni fraternidades
o presidentes de las grandes mesas
ni los que a todas horas invocan azares
confiando en que sea una capitalista ventaja
-que sabemos más ingenua que cierta-
y pocos nos perdonan que seamos
más pensamiento que cartera fresca,

durmiendo bajo los árboles
en el reinado de la espera
que el abuelo de Saramago abrazara
y allí estamos bajo sus ramas secas,
o viendo cómo la nieve nos hiela
hacia el hambre de los demás
en las cenas miserables de César,
nunca nos satisfacen las noticias
de la fe del banco mundial
-las matemáticas no es mérito alguno
sino contar qué no tienen los olvidados
a favor de cuánto los ricos les niegan-,
porque las mentiras y la pobreza
ensordecen ya las puertas,

no hay nada que perder
cuando nada se ha tenido
pero qué pena hiere perder lo que se quiso,

los epitafios de los poetas en espera
nadie los lee extiende o predica
más bien digamos que al morir se heredan,

vaya pues por el enterrador
esta esperanza que mañana nos acompañe
ya solos al fin sin la compañía amarga
y repose en nuestro solo verso
un puñado de sincera arena.

jueves, 14 de abril de 2011

¡Feliz Día de la República Española!



Himno de la República Española

"Serenos y alegres
valientes y osados
cantemos soldados
el himno a la lid.
De nuestros acentos
el orbe se admire
y en nosotros mire
los hijos del Cid.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

El mundo vio nunca
más noble osadía,
ni vió nunca un día
más grande el valor,
que aquel que, inflamados,
nos vimos del fuego
excitar a Riego
de Patria el amor.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir.

La trompa guerrera
sus ecos da al viento,
horror al sediento,
ya ruge el cañón
a Marte, sañudo,
la audacia provoca
y el ingenio invoca
de nuestra nación.

Soldados la patria
nos llama a la lid,
juremos por ella
vencer o morir".


Hoy se celebra el Día de la II República Española.

 ¡Felicidades! ¡Viva la República Española!

sábado, 2 de abril de 2011

Seguirá el tiempo volando en nuestras manos, de Marta Antonia Sampedro

Mientras los membrillos son flor
y el granado caminos de hormigas,
mientras las encinas alcanzan ya
la primera luz del amanecer de abril
y las lilas catherine maternas
no se distinguen de las gardenias,

mientras todo va naciendo
y tu abrazo cae por las sábanas
antes del reloj con cifras rojas
y recuerdo que hace días
mirando la acera de la tarde
apareció tu rostro entre mi rostro
y no en los bloques diarios
de un caminar fatigoso en letras,

ahora vienes en abril
y tu abrazo cae por las sábanas
como antes de la desgracia
de bajarnos en las promesas,

 mientras llegará de nuevo
otro verano que no viviremos
sino alejados de los sueños,
y los pantanos duermen
los gritos de los muertos
que desde entonces somos
a pesar de abril
yo escucho tu llanto
y te digo no estás solo,

mientras tú compruebas
que vivo en la galaxia ajena
a tu quehacer en malaventura
seguirá el tiempo
volando en nuestras manos
y nos cuidamos de no vernos
para que no toque tu rubio pelo
y tú no escondas en viejos libros
los poemas que te escribo
y regrese la duda y el miedo,

mientras hoy llueve
y mañana quema el día
abril me trae tu abrazo
que es mi lecho verdadero,

y así en ayunas de tus besos
y exiliado de mis versos
quizás habrá otra vida
donde rectificar recuerdos
y nada haya cambiado
ni en las aceras de los rostros
o en las veredas de los campos,

mientras no haya salida
recibes mi abrazo
cayendo por las sábanas
y aunque no lo afirmes
no estás solo nunca
ni cuando lloras solo.

(C) Marta Antonia Sampedro Frutos (2011).