sábado, 12 de septiembre de 2015

Ráfagas desperdigadas fueron los sueños, de Marta Antonia Sampedro


“Amé en los día de abril, durante aquellos delirios de juventud en los que nadie podía ser apartado sin una razón válida: ser fascista o alérgico a la libertad, destructor de poemas, burlador de mujeres libres, mezquino en sueños reales, ciempiés con ambiciones por ello… también amé en los días de mayo, cuando mi cuerpo al ritmo de un lápiz escribía atento la senda que en mi mente trazaba la ilusión: ir a hacia ningún lugar, permanecer fiel al destino de la tinta, rebuscar de nuevo la huella de mañana, construir sin vacilar un cuerpo etéreo que en las noches fuese visto aunque… no olvidaré que en junio mi risa era aquella sonora risa al ver sus ojos verdes y negros, sus dientes mordiendo el tiempo de esperas: hola, adiós, hasta luego… te quiero, sonaba un timbre, un reloj, una bocina, por las calles sólo uno importaba en la gran ciudad y mis paredes a colorines, ir, venir, quedar, mirarnos, así que… asomaba el mes de julio y los trigos se mecían en el asfalto derretido a besos estivales en la miel de mi verso, pronombres y distintos verbos al calor: la hoguera de su cuerpo, su arena de piel morena adentrándose en la playa como un delfín silbando en mi pulso, el astro silencioso que nos arrastraba hacia adjetivos sin depurar y: acechaba agosto y al letargo del respiro dormía mi sueño entre la sombra de sus brazos, ser nada más que un ser que vive era alcanzar la perfección: andar para qué lugar, dónde, trabajar cuándo, para qué, dormir, cerrar los ojos y perder los sueños, escribir labor sencilla para estudiosos del hastío, sólo sus senderos el papel que yo podía calcar cuando: en septiembre línea a línea garabatear reflejos al atardecer eran sus dedos, al viento de su pelo permanecer eterno en un tiempo sin recuento: la sabiduría perder el credo sin saber que fueron molidos los trigos, repletos de momentos en el agua de su seno quedó el recuerdo para el verbo, ajenos al futuro y sin embargo… en octubre no murieron, sino ráfagas desperdigadas fueron los sueños: hombre tú, mujer yo para entretenerlos cuando otoño avisa de los tiempos”.

© Marta Antonia Sampedro Frutos. Abril de 1.996.

jueves, 2 de julio de 2015

Los destinos luz, de Marta Antonia Sampedro


Riega la luna los ojos

y cuatro haces de nubes

calan piel y párpados

todas las nubes sueñan

tener ojos en la mirada

y divergen en la masa

de sencillez imaginable

los cuerpos reconocibles

en las llanuras brillantes

él es un joven caballo

y un elefante el mayor

dos mujeres son algodones

que el cielo esparce

en las profundidades

gigantes que llevamos

en el cosmos del lenguaje

y los recuerdos dragan la noche

que el viento arremolina

para de nuevo liberarlos

en los órdenes espaciales

qué cualidad será aquella

que inunda de claridad

amarrados en cráteres

los albedos del amor

para comprender en tierra

mientras reluce la luna

todos los destinos luz

enlucidos y radiantes.

 (2015)
  

miércoles, 24 de junio de 2015

Noche ante el agua, de Marta Antonia Sampedro


Este agua que luce bajo la luna

se agita ante las piedras

porque las piedras tienen corazón

y notan azuladas la noche

donde pasan ángeles que no duermen

y piden favores eternos

por ejemplo pervivir

alguna vez se romperán las sillas

porque no eran piedras

y los castillos son vacíos

amurallados de hierba seca

los días no tienen fin

en las figuras presas

porque jamás amaneció

en las conciencias desiertas

ni las palabras serán estruendo

pues el silencio es una acción

perdurable y redimido

este agua que en la orilla

podría decirse que calla

al abrazar las piedras

porque el agua tiene corazón

y de sueños cubre las llagas.