jueves, 1 de enero de 2026

Vieja Medina, de Marta Antonia Sampedro


En tus murallas me adentro,

escurridiza sombra perdida

que de pronto cometa fuere,

plasmada nube derretida

en las aceras de una condena...

 

A las puertas golondrinas crecidas

de esta visión mía tan bajo vuelan...

-perdón por sentirme aire,

brisa, mujer y a veces nadie-.

 

Sé -y sin dios me atrevo pronunciar-,

que vivo, amo, sueño y río

en tus calles perfumadas

de trabajo, calderas,

afiladores de cuchillos,

tijeras, alfombras que no vuelan.

 

Leche reposada, dátiles, almendras,

vestidos de fiesta, olivas,

confites y vinagres,

aceites, chilabas, sedas,

y ese malabarismo de estrellas

a la hierbabuena;

caballos, pañuelos de fiesta,

niños saliendo de la escuela...

 

Con tu sombra me envuelvo,

sudario para la vida,

vieja medina, ciudad antigua.

Que más luz tienen

tus marchitas banderas,

que cuerpos sin deseo por testigo.

 

Callejuelas, rojos sombreros,

reclamos de brillo por los recovecos...

 

No sé qué me dijiste

en el idioma del sentimiento.

Ni qué de mi ego, mi ello o aquello,

si al mirarte, medina antigua,

el espectro desnudo es mi solo recuerdo.

 

Vieja medina que me atrapas

al calor de ti, cobijo del tiempo,

revelando mi ignorancia en tu latir,

viviendo a solas amores sin remedio,

reavivando ideales sedientos.

 

Ciudad de puertas clavadas

y bailarines vientres.

Translúcida en secretos

que en arena escriban

los verbos pronunciados

por lenguas de muertos.

 

Misterios del hombre y la mujer

-los géneros-,

donde alguien un puerto

en horizonte del desierto

pueda ver más y más lejos...

 

Viento exánime que al correr

gélido salga huyendo,

mujer laminada a versos.

Inspiración perdida

y almas por los suelos

reparando tormentos

en volcán herido sin senderos.

 

En qué lugar te vi,

Al-Ándalus lejana,

antes de este parpadeo.

 

Cuándo a mis sueños muertos

tu visita sin anuncios sin yo saberlo.

 

Dónde leíste mis manos,

que a ti me presento

para encontrarlas.

 

-Son las mejores búsquedas,

aquellas que nos reciben

en los regresos-.

 

© Marta Antonia Sampedro Frutos.

De la obra “Bitácora de errantes” (2006). 

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