sábado, 12 de julio de 2014

Para seguir poemando, de Marta Antonia Sampedro


Hace un año menos veinte días
yo hasta entonces inventaba mi vida
para vencer a la realidad
de labores explotadoras y capitalistas
y era feliz en esa vida
viajaba con las nubes a cualquier fotografía
y el mundo era un invento de piedras
-pero preciosas-
de casas
-llenas de alegría-
todo era inventado
-también mis poemas-
digamos que tanta perfección era atea divina
que los versos se contaban solos
mientras yo dormía
y siempre cuadraban altruistamente
porque en esta vida inventada
las matemáticas no existían
mi casa era mi familia
el cielo sin dioses una maravilla
y así con inventos se sobrevive
-a la mala vida-
y hace un año con veinte días
las nubes se dispersaron con una herida
tan antigua como los demonios encerrados
mis demonios llevaban medio siglo
queriendo salir de sus celdas
pero sedientos yo los mantenía
con versos y poesía
pero un día con más diecinueve
el aire mantuvo una frase oscura
sólo una frase fúnebre
y rompieron sus puertas inundando
mi corazón de inventora
y muchas paredes vacías
que yo había llenado de fantasía
los demonios cantaron victorias
y algunas letras torcidas
y me mostraron todos mis males callados
derribando antiguas sílabas
dejándome huérfana de inventos
este año menos veinte días ha sido largo
y las inundaciones con peritajes
han demostrado que todo cuanto alcanzamos
realmente es inventado
en el momento en que queremos olvidar
para seguir poemando y vivir entre inventos.

domingo, 8 de junio de 2014

Versiones de lo ajeno, de Marta Antonia Sampedro Frutos


Alguien pensó la catástrofe que representa
que cuatro patos sean la indigestión
de dos reactores de un avión boeing 747
que destroza cincuenta y veintidós vidas humanas
la nostalgia que vive un comercial
que esperando en una acera observa
el paseo de un hombre manco
paseando un perro cojo
y por cien vueltas que un reloj dé
alguien nunca llegue
la vida se escapa en esperas falsas
los niños encerrados
de la mujer que mendiga en la oficina
cincuenta céntimos para un pan
si todos sabemos que un pan vale treinta
para todos los que de momento no mendigamos
-pero callamos como enfermos que fingen salud-
qué piensa un estómago sin pan
el agobio de un jefe que tiene que manosear la mano
del poder político que avanza con su plan laboral antiobreros
alguien acaso sigue la pista de los patos huérfanos
de los que lloran las ausencias los engullidos inesperada
-trágicamente- las aberturas del maldito cielo
de las prostitutas que cobran a los cargos públicos
algo más que euros y silencio
y descartan el trabajo para la contabilidad
del frío de marzo de dos cerezos bajo las estrellas
a quién le importa lo ajeno
del suicida el color del ataúd o alguna cruz
qué importa el color de la madera en el fin del adiós
la marca de un trago del amargo páncreas
de un parado de larga duración
quién acaso le pregunta por su deneí de adhesión
cuántos patos eran la bandada en el cielo
total si eran sólo cuatro patos
contra un avión lleno de gente que viaja
alguien le preguntó a la cocaína que entra
en la nariz del camarero
cuántas noches quedan para el fin
el espeso tiempo que resta
para que una obrera sea la primera
para un despido improcedente
dónde están los patos que mueren
mejor dicho se rompen en quinientos despieces
en los motores de un avión
que nos dice que estemos contentos
alguien acaso lo pensó.



domingo, 4 de mayo de 2014

Son mis madres las golondrinas, de Marta Antonia Sampedro


Son mis madres las golondrinas
las espero impaciente en silencio
en otoño me esconden en la cuna
con agua dulce y viento
porque ellas no saben que no duermo
y me dejo despertar en febrero
entre sonrisas y bostezos
son mis madres antiguas
las golondrinas
me cuidan en los campos
y en las calles me rozan los cabellos
siempre traen de regalo
mensajes de geografías en sus cuerpos
un ala un verso
dos alas y un tiempo
son mis madres las golondrinas
se posan en el tejado
mostrándome sus hijos nuevos.

(C) Marta Antonia Sampedro Frutos